Masaki Kobayashi en la Sala Leopoldo Lugones – Buenos Aires

El autor de clásicos como Rebelión y Kwaidan fue antimilitarista y uno de los cineastas más severos con su sociedad. La muestra estará integrada por diez films, la mayoría inéditos en Argentina, en copias 35 mm enviadas especialmente desde Tokio.

“De todos los realizadores pertenecientes a la generación que ingresó en la industria durante o poco tiempo después de la Guerra del Pacífico, Masaki Kobayashi se transformaría en el crítico social más autoconsciente”, escribió el crítico británico Alexander Jacoby. Para celebrar a este auténtico sensei, el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina, en colaboración con el Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón, han organizado un ciclo denominado Masaki Kobayashi, reencuentro con un maestro del cine japonés, que se llevará a cabo desde mañana hasta el jueves 2 de noviembre en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530). La muestra estará integrada por diez films –la mayoría inéditos en Argentina– en copias 35mm enviadas especialmente desde Tokio por The Japan Foundation. Esta retrospectiva recorre una parte sustancial de la obra de Kobayashi (1916-1996), uno de los realizadores nipones más importantes en la historia del cine de posguerra, incluyendo algunos de sus primeros títulos, nunca antes exhibidos en nuestro país.

Nacido en 1916 en la isla de Hokkaido, Kobayashi terminó sus estudios universitarios con una especialización en Literatura, pero decidió entregarse por completo al cine, ingresando como empleado raso en los estudios Shochiku, uno de los cinco más importantes de Japón. Permanecería poco tiempo en ese puesto: a comienzos de 1942 fue llamado para formar parte de las filas del ejército nipón. Esencialmente un soldado antimilitarista, como alguna vez se definió a sí mismo, los siguientes tres años (y un cuarto como prisionero de guerra en Manchuria) lo marcarían para siempre, y parte de esa experiencia sería exorcizada años más tarde en su extensa trilogía La condición humana (1959-1961), basada en la novela de Junpei Gomikawa (y exhibida en la Sala Lugones en el año 2000).

“Antes de esa obra magna, que pondría su nombre a circular por los festivales internacionales más importantes, sus películas habían abordado temas como la corrupción en el mundo del deporte, la prostitución en las bases estadounidenses durante los años de la Ocupación o el maltrato hacia los prisioneros luego del fin de la guerra”, escribió Diego Brodersen en estas mismas páginas. “En esos rabiosos relatos, realizados a mediados de los años 50, quedarían pocos rastros de la amabilidad y delicadeza aprendidas de su maestro Keisuke Kinoshita, del cual había sido asistente a su regreso del frente. Su obra de madurez se verá fuertemente marcada por una mirada poco complaciente hacia el pasado y el presente de su país. Acompañada, desde luego, por un estilo personalísimo que iría puliendo y reencauzando película tras película, hasta su retiro en 1985”.

El ciclo se abre mañana jueves y el viernes con Sinceridad (Magokoro, 1953): el segundo largometraje de Kobayashi posee varias de las características temáticas y formales usualmente asociadas a su guionista, Keisuke Kinoshita, mentor del joven realizador en los estudios Shochicku: trama melodramática, descripción de las condiciones sociales y un énfasis en la bondad intrínseca de su protagonista, a pesar de las difíciles circunstancias del entorno. Como la madre del protagonista, se destaca la fuerte presencia de Kinuyo Tanaka, una de las más grandes actrices del cine japonés clásico, que filmó con directores de la talla de Mikio Naruse, Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi, entre muchos otros.

En doble programa, también se verá junto con Sinceridad otro título inédito: La habitación de paredes gruesas (Kabeatsukiheya, 1956) Rodada en 1953 pero estrenada recién tres años más tarde (el estudio consideraba su temática demasiado polémica y su tono demasiado fatalista), La habitación… muestra por primera vez a un Kobayashi alejado del confort de las marcas de género del melodrama tradicional. Se trata de una de las primeras películas en tocar frontalmente las consecuencias de la Segunda Guerra en la sociedad nipona y los protagonistas son un grupo de soldados encarcelados por delitos de lesa humanidad. El guion fue escrito por Kôbô Abe a partir de una serie de los diarios personales de prisioneros reales.

El sábado 21    el ciclo continúa con Te compraré (Anata kaimasu, 1956), uno de los films más atípicos en la carrera de Kobayashi. Se trata de una descarnada mirada al mundo de la industria profesional del beisbol, uno de los deportes más populares en Japón. El protagonista es una joven promesa deportiva tironeado entre varios cazatalentos dispuestos a cualquier cosa con tal de ficharlo en uno u otro equipo. Lejos de los triunfos de último momento y redenciones personales a través del esfuerzo colectivo, la mirada clínica de Kobayashi revela cómo los jugadores se vuelven simples mercancías en un mercado lleno de tiburones a la espera de su próxima víctima.

El martes 24 va Río negro (Kuroikawa, 1957), realizado inmediatamente antes de la famosa trilogía La condición humana. Es uno de los films más duros en la obra de Kobayashi, un ensayo sobre la corrupción dentro (y en los alrededores) de las bases militares estadounidenses instaladas en Japón luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. A partir de la historia de un triángulo amoroso entre un estudiante, su novia y un criminal de poca monta (el actor Tatsuya Nakadai en su primer papel de relevancia), la película revela los pliegues de una sociedad que comienza a sufrir la ley del más fuerte y la violencia.

El ciclo también suma el martes 24 La herencia (Karami-ai, 1962): en su lecho de muerte, un hombre de negocios anuncia que su fortuna será dividida en partes iguales entre sus tres hijos, todos ellos “ilegítimos” y cuyos paraderos resultan desconocidos. Una compleja red de abogados comienza a poner en funcionamiento sus maquinaciones para hacerse de una parte del dinero, recurriendo al uso de impostores e incluso el chantaje.

El viernes 27 es el turno de uno de los grandes clásicos de Kobayashi, Harakiri (Seppuku, 1962). “Todas mis películas tienen que ver con la resistencia ante el poder establecido. Ese es el tema central de Harakiri. En lo personal siempre he desafiado a la autoridad. Y esto es cierto también en mi vida privada, incluido mi paso por la vida militar”, señaló el director. Le sigue el sábado 28 otro clásico, en versión completa, Kwaidan (Kaidan, 1964). Basada en cuatro relatos de fantasmas tradicionales compilados a comienzos del siglo XX por Lafcadio Hearn, se trata de una superproducción a todo color que hace de su propio artificio formal una parte indivisible de su encanto y brío visual.

El lunes 30 no conviene perderse Rebelión    (Jôi-uchi, 1967), con Toshiro Mifune, un dilema entre la lealtad y el honor entre samurais. Finalmente, el ciclo concluirá con otros dos films inéditos en América latina: Himno para un hombre cansado (Nihon no seishun, 1968), sobre un soldado duramente golpeado por un oficial superior, durante la Segunda Guerra, y La posada del mal (Inochibô ni furô, 1971), protagonizada por un peligroso grupo de traficantes durante el Japón feudal.

* Horarios y más información en http://complejoteatral.gob.ar/cine

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/69841-un-feroz-critico-social-de-la-posguerra

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